Review of Paranoid Park (2007) by Mauro V — 03 Aug 2008
Mi relación con el mundo del skate es tan limitada como significativa. A los siete años querÃa andar la selvática y colorada tierra misionera en ese vehÃculo, mi papa, complejo de culpa mediante, me regalo una patineta. Mi temeridad unida a mà natural torpeza hicieron el resto. Como resultado una rodilla derecha maltrecha, marcada hasta el dÃa de hoy y la imposibilidad perenne de jugar al futbol.
Ah, también tengo una amigo, Dominik (es hombre, a pesar del nombre), alemán (evitare los chiste del caso, susceptibilidad teutona q le dicen) y aficionado al skate (al menos se viste como uno, es decir: gorra raper, jeans un par de números mayor del recomendable y una nefasta asiduidad a mostrar sus inferiores).
Esta introducción, tan autográfica como en principio innecesaria, simplemente tuvo como objetivo ilustrar la absoluta prescindencia de mi parte al abordar este film, del submundo de los skaters. Es decir, su forma de vestir, sus antigravitatorias peripecias, su léxico florido, su aspecto de constantes vomito de closet, no podÃa impórtame menos. Sin embargo, tratándose del director de Mala noche (Ãdem, 1985), bien podrÃa hacer el esfuerzo.
PARONOID PARK es, valga la redundancia, un parque. Un parque construido en épocas pretéritas por los skaters para los skaters. Un submundo de excluidos q encontraban en sus tablas mas q en medio de trasporte infantil, un sÃmbolo de pertenecÃa, ese algo q nos hace partÃcipe de un todo, aunque ese todo no sean más q dos. Entre obstáculos macabros, saltos kamikaze y golpes tremebundos, deambula el tiempo en la vida de estos muchachos. Y si digo muchachos, y mas allá de las afinidades del director, es porq el elemento femenino está excluido de este universo, ¿del universo van Sant?, tanto del skatebording como de la pelÃcula en sà misma.
Alex, el infalible protagonista vansantiniano, es un adolescente de los suburbios de Portland, amante del skate, aunque todavÃa no muy bueno, de novio con la más linda de la escuela, hijo de un matrimonio a punto de desaparecer; tiene la abulia q para el director parecen tener todos los jóvenes q retrata su lente. Esos jóvenes q pasan sus vidas sin mayores preocupaciones, q la preocupación de carecer de las mismas. No porq no existan tragedias en la cotidianeidad, si no porq, parecÃa no tener relevancia en sus vidas.
Su rostro tan bello y anodino, se verá atacado por la fatalidad. Ese mundo previsible y monocorde, de pronto es sacudido por un hecho cada vez mas naturalizado q natural: la muerte. Pero no se trata de la parca con ropajes bergmanianos, si no de una más prosaica: la muerte como hecho fisiológico. Esta muerte es el final de alguien q fue y ya no es, es el no va más; y en este caso, el nacimiento de la autoconciencia de nuestra finitud. Alex, todo hay q decirlo, mata y eso lo hace responsable, no tanto del guardia del Parque Paranoico q ayudo a descuartizar, si no de sà mismo. Realmente quedaron atrás las anécdotas cotidianas. Q importa la novia, los padres divorciándose, los muertos de una guerra infame. Las mujeres pasan, los padre quedan, la imbecilidad también. Pero para Alex nada será igual.
Van Sant con ese punto de partida tranquilamente podrÃa haber caÃdo un drama pseupsicologico en el cual el proceso de asunción de responsabilidades por parte del protagonista, y la culpa q esa asunción conllevan, decantarÃan en una historia moral, una historia q se encarga de acompañarnos al juzgar a sus criaturas, con un dedo vindicante y traidor. Por suerte ese no es el sendero q decide desandar. En PARANOID PARK la cámara atestigua, acompaña a esos chicos, q indudablemente disfruta observar. Ya sea mostrando sus habilidades, sus fallidos, sus caminares, sus pestañeos. No pude dejar de asociar la forma en el director fotografÃa a su protagonista con la manera en q el Visconti de Muerte en Venecia (1971) se regocija en la belleza efÃmera del efebo final del Malher-Bogarde q aguarda el final, esperando la arremetida final del cólera. Ciudad sitiada por la fatalidad en el italiano; en tiempos de globalización, van Sant nos muestra a su criatura asumiendo su mortalidad, pero a diferencia del viejo compositor viscontiniano, este conocimiento no es muerte, apenas un paso hacia ella.
Es sintomatico q Alex se exorcice de sus demonios, usando dos elementos de carácter primigenio; primero mediante el agua: la ducha q se da luego del crimen, es de los momentos logrados del film. Esas gotas q limpian, pero inevitablemente no podrán sacar la mugre q tiene Alex. Luego su antinomia, el fuego. Las hojas de su cuaderno se convierten en manuscrito de un hecho ya acontecido, q al final lo queme, no es más q el termino del ritual de purificación, la eliminación de los vestigios del mal. El agua y el fuego tan caros a rituales mágicos y religiosos, están presentes como testigos del exorcismo. El arte como medio de cicatrización, de cura. Muerto el perro se acabo la rabia, parecerÃa decir el bueno de Gas.
Pero no podemos tapar el sol con la mano. TodavÃa no lo sabe Alex y sus ojos de toronja. Lo sabe van Sant y su cariño por estos potrillos. Lo sabemos nosotros, compañeros de este parque paranoide, tan paranoide cono puede hacerlo cualquiera q recuerda, como yo al sastre del emperador. Ese al no poder contar q el emperador estaba desnudo, hizo un agujero en el suelo y se lo dijo a la tierra, convencido q la madre universal guardarÃa su secreto. En esa tierra crecieron cañas, y al pasar el viento atreves de ellas, se repetÃa incesantemente el terrible secreto. Moraleja: aprendamos q los secretos no pueden ser guardados, no al menos los q importan.
Aunque no subestÃmenos el poder de la negación, ok?
This review of Paranoid Park (2007) was written by Mauro V on 03 Aug 2008.
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